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Ricardo Anaya y su fundación, al desnudo

Antes de publicar mi reportaje sobre la Fundación por más humanismo que él creó y que compró un terreno para construir un edificio cuya venta derivó en un millonario negocio para sus amigos, uno de ellos miembro de la asociación civil supuestamente sin fines de lucro, consulté al precandidato presidencial Ricardo Anaya.

–¿Quién aportó el dinero para comprar el terreno?

–Mucha gente. Se hicieron colectas, se hizo trabajo de recaudación de fondos, porque el objetivo en aquel entonces (2010) era poder construir el inmueble y que se lo quedara la fundación o dárselo al PAN.

Dijo que él renunció a la fundación en 2014 y al ser terminado el edificio, en 2016, el PAN ya tenía sede propia, por lo se vendió para pagar los pasivos con el contratista.

–¿Quién era el contratista?

–No me acuerdo.

Ante mi reportaje de Proceso, Anaya dice que su fundación no recibió recursos públicos y él no se benefició, algo que no se dice, y me acusa de guerra sucia por encargo del PRI, pero sobre los personajes implicados en la triangulación de dinero para el negocio sólo tiene evasivas y contradicciones.

Por ejemplo, el terreno ya no se compró con colectas entre mucha gente, como me dijo, sino que fue producto de un préstamo. ¿De quién? Anaya no lo dice, pero es del contratista que no recuerda: Abraham Jaik Villarreal.

En 2010, Jaik hizo un depósito a la cuenta bancaria de la fundación –de la que Anaya era apoderado– por un millón 650 mil pesos, con lo que se compró el terreno que al venderse, en 2016, en 7 millones más IVA, los recuperó. No sólo eso: Se le depositó otros 4 millones 909 mil pesos a su empresa, JV Construcciones Civiles.

De esta cantidad, 6 millones 559 mil pesos, Jaik se quedó con 3 millones 209 mil pesos y le depositó otros 3 millones 350 mil a DG Diseño y Construcciones, propiedad de Eduardo de la Guardia Herrera, vocal de la fundación.

–¿Quién es Eduardo de la Guardia? –pregunté a Anaya.

–Él trabajó en gobierno de Querétaro, allá lo conocí y él ayudó, voluntariamente, en el diseño del proyecto.

Si fue voluntariamente, no se entiende por qué cobró 3 millones 350 mil pesos. Anaya evade también explicar la triangulación de este empresario que, junto con él era el apoderado de la cuenta bancaria, le depositó dinero a Jaik para que éste, a su vez, le pagara a él.

No sólo eso: Como miembro de la fundación, y apoderado legal de la cuenta bancaria, De la Guardia cobró, entre 2016 y 2017, más de un millón de pesos. ¿A razón de qué? Anaya calla.

Anaya dice que renunció a la fundación, en 2014, debido a que mis responsabilidades como servidor público requerían mi presencia permanente en la Ciudad de México, pero ya vivía aquí desde en 2011, cuando renunció como presidente del PAN y diputado local para ser subsecretario de Turismo con Felipe Calderón.

Pero a cargo de la fundación dejó a los dos panistas que sólo a él obedecen: José Luis Báez, presidente estatal del PAN, y el diputado Antonio Rangel. El tercer encargado es De la Guardia Herrera, quien es –ojo– el constructor de las empresas Juni Serra y Cintla de las que Anaya es accionista…

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